Novela y Crónica “EL OTRO GRITO”, Autor: Igor J. B. M.

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Novela y Crónica “EL OTRO GRITO”, Autor: Igor J. B. M.

El Lic. Igor J. Bejarano Meléndez, participante con el trabajo “Colores Opuestos” en el 1er Concurso Estatal de Cortometraje Sobre Concientización Social “La Culpa la Tenemos Todos”, muy amablemente puso a nuestra disposición una obra de su autoría, titulada “EL OTRO GRITO”, novela y crónica sobre los lamentables atentados del pasado 15 de septiembre de 2008 en la Ciudad de Morelia, con la finalidad de divulgarlo y difundirlo con nuestros medios posibles. A continuación compartimos parte de esta novela y crónica:

¡el otro GRITO!  

EN MEMORIA A LAS VICTIMAS DEL 15-S  

Igor J. B. M.

Registro de obra en trámite INDAUTOR. México.

DEDICADO A MI MADRE

A MANERA DE PRÓLOGO.- 

A MI DIARIO:

Hoy me levanté algo tarde, el bebé ya no me despertó, me lo merecía después de tantas desveladas. Y gracias a que en el trabajo me dieron el día libre; pensaba que no sería así, pero el patrón me dijo que también iría a festejar. Ahora me pusieron en la recepción, ¿tú crees?. Ya mi marido se hizo a la idea de que esté trabajando, y ayude en algunos gastos. Me bañe con agua fría, pues el gas no fue suficiente para prender de nuevo el boiler; apenas alcanzaron los niños, me hubiera quedado así, pero si fuera hombre solamente. Luego me puse a ver el programa que me gusta, antes hacía algunos ejercicios de los que ahí salen, pero la flojera pudo más; ando subiendo unos kilitos, pero no voy a dejar que aumente, según el médico tengo predisposición a la diabetes. Luego desayunamos algo ligero, un licuado y unos huevos revueltos, quería algo diferente, pero mi esposo eso pidió, y ni modo, para la otra yo decido. Ayer se me olvidó decirte lo raro que fue llamar a mis papás, y de paso, estando en la caseta, también a mis 2 hermanos que viven en “el otro lado”. No recordaba lo bien que se siente escuchar las voces de las personas con las que creciste. Sentí una emoción difícil de explicar, no sé por qué. Le dije a mi mamá que la quería mucho, y que no se preocupara tanto como antes, ahora ya estamos todos grandes y nos valemos por nosotros mismos, pero me duele que extrañe tanto a los que se fueron hace años. Que se cuidara, y luego la iba ir a visitar. Es un compromiso, y lo haré en cuánto tenga las primeras vacaciones. Volviendo a este día, mis hijos se han portado un poco mejor, el pequeño ya no es tan berrinchudo, y parece que quiere decir su primer palabra, ¿cual será?; y los otros, ya hicieron la tarea luego del regaño que les puse, a pesar de que apenas va uno en el kinder, y el otro, en segundo grado, deben acostumbrarse a hacerla desde ahora, sino ¿quién sabe como serían después?. Es que andan un poquito distraídos con tantas cosas que hay ahora, me parecen tan extrañas a mi época, como cuando los niños de la vecina le gritan bien feo cada rato. Por cierto, ya nos volvimos hablar entre ella y yo, luego de que salimos mal por la “tanda”, y lo que me debía. Lo bueno de todo es que se alcanzó a secar el vestido que tenía reservado para esta noche. Como es una fecha especial, lo voy a llevar bien planchado, y me voy a poner el perfume que tengo por ahí guardado. Me lo iba poner en el baile de la semana pasada, pero aquél no llegó, por andar tomando con sus amigotes. Ya está mejorando la situación con él. El otro día me hizo ver que sirvió esa plática que tuvimos con el sicólogo, a pesar de que no quería ir. Nos sentamos por largo rato a ver que estaba pasando con la relación, y dejamos bien en claro nuestros puntos de vista, ya no pienso aguantarle otro reproche igual al que me volteó la cara. Hasta me prometió que iba a ahorrar para llevarnos de viaje a la playa, hace tanto que no veo el mar, es inolvidable ese atardecer con la mirada enamorada. Es que últimamente se han venido varios problemas, aparte del dinero que nunca es suficiente, ya no es lo mismo que antes, se pierden algunos partes de lo que nos hizo un matrimonio feliz. Y por fin me decidí a comprar la pintura que hace falta en el baño, y la nueva regadera que no alcanzó a poner hoy mi marido, por estar acomodando el tiradero de papeles que tiene arrumbados en una caja. No alcanza el tiempo libre para nada. Me encontré con unas amigas, y me preguntaron que cómo estaba, hacia mucho que nos las veía, y hasta me invitaron a una de sus reuniones, medias bobas, pero les dije que prefería pasar un rato en compañía de mis seres queridos, ya que hace rato que no salimos a pasear. Cuando venía en el camión, me di cuenta que todo mundo se pone agresivo a la menor provocación, uno de un carro se nos cerró en un crucero, y casi se bajan los choferes a pelearse, frente a todos, y hasta había un tránsito que sólo se quedó mirando con su carota de menso. Parece que el cambio sí llegó, pero no nos ha dejado nada que valga la pena. Se enfadan de comer siempre en la casa, espero que no por lo que cocino, por eso quedamos en comprar algo en la calle. Una pizza italiana fue lo que comimos en el centro. Y después nos fuimos por una nieve, y nos sentamos a platicar en las bancas de por ahí cerca. No me siento realizada, pero tampoco fracasada. La vida me ha dado muchas vueltas para llegar a donde estoy. Viendo a mis hijos crecer mas rápido, cada día que pasa, y con mi esposo las cosas van por otro camino, creo que mejor de lo que esperaba. Es complicado no disfrutar de momentos así, en que lo único que importa es platicar de lo que sea, y dejarte llevar por las cosas simples que interesan, y hasta llevar las mamilas preparadas. Mucha gente fue, ya se veía que se estaban juntando más y más. Va estar a reventar esto, me dije. Pudimos estar más cerca esta vez. El año pasado no fuimos, pero a éste ya no podíamos faltar. Hasta compramos unos recuerditos para poner de adorno en la sala, y yo me decidí por una camiseta que dice: “el festejo lo haces tú”. La circunstancia es la que te mueve, no hace falta nada, aunque no sé por qué no se pusieron los puestos de todos los años, pudimos haber comido en alguno. Una de esas cosas que te dejan pensando, es una pareja de gueros altotes, se vieron impresionados por los edificios, la iglesia, y hasta parece que por la misma costumbre de la gente, pero que a mí me parece tan ordinario y sin atractivo, yo no sé qué vieron de bonito. Quiero mucho a mi esposo, ya te he dicho otras veces; pero como no te puedo engañar, ya no sé la diferencia entre eso y el verdadero amor que llegué a sentir, creo que ya no lo amo. Pero aún así, me trajo de la mano, y lo bueno es que no me encontré con ninguno de los novios que tuve en la escuela, o de la colonia, me hubiera dado cosa, y luego hasta él se pudo poner celoso. Ya se viene el fin de año, deseo que para el siguiente nos vaya mejor, a ver si podemos sacar el crédito para la casa. Y comprar los muebles que nos hacen falta, y del carrito que hablamos, pues quizás se pueda. Al ir caminando entre tantas personas desconocidas, me hice a la idea de que con los niños que tuvimos fue más que suficiente, ya no quiero otro. Por eso, me voy a cuidar mejor para no sufrir otro accidente. No sé que vaya a pensar él, pero no me importa. Después de todo el rato, ya me cansaba traer cargando al chico, además de que el tacón se despegó, lo bueno es que no me puse los grandes; me debí llevar la carriola aunque hubiera sido difícil la pasadera entre tanta gente. Quisiera que ya caminara solito, y me diera un abrazo. Cayó la noche, y le dije que nos pusiéramos donde estuviera menos apretado, pero nunca me hizo caso. Me tenía sujeta de la cintura, y los niños los pudimos poner arriba de la jardinera, para que vieran mejor sin dejar de vigilarlos. Varios del grupito que formábamos se animaron a bailar un poco, entre empujones, pero fueron haciéndose un espacio; han de haber andado borrachos por las botellas que traían. Me acuerdo de unos policías, pero no hacían nada, sólo estaban platicando con unas muchachas, qué bien desquitan su salario. Me puse a platicar con la señora de al lado, resultó que vivía por acá, y también llevaba a sus familiares. Luego se pasó el tiempo volando, y a esa distancia costó trabajo sentir con fuerza la vibra de la gente y los gritos, por eso apenas dimos un gritito del tamaño de los cacahuates que nos estábamos comiendo. De inmediato vino un simple gesto de concordia a la normalidad, y queriendo mantener la sonrisa de indulgencia acompañando, pero todo fue imposible. Llegó algo inesperado, y mi espalda con firmeza se sumergió en el suelo, no sin antes caer encima de otros cuerpos. Supo a nada. Pero importa demasiado, al recordar que tus páginas ya casi estaban escritas con renglones diferentes. Hechas con la dureza del diario trajinar, y habiendo tantas blancas, ¿ahora quién las va a llenar?. Soñando con volver a comenzar, es el favor que no esperaba su llegada. Es como si sencillamente estuviera de nuevo en el sitio de mi más grande fortuna. La hecha con pedazos de èsto, aquéllo, y lo otro. Conversaciones acentuadas se perciben a lo largo, dentro de un futuro no bien calculado. Noche y día se tornan uno sólo, mientras que la edad se transmite en formas imprecisas. Y se termina por difuminar en medio de la soledad, la conciencia que llevó a postrarme ante lo que la acalló. Sin ningún proyecto de grandeza por culpa de esta posición, aún es cierto que había algo más por disfrutar; y ya tan sólo me hubiera conformado con escuchar su primera voz: ¡mami!. Debí romperte en miles de cachitos, cómplice imperfecto de mis travesuras, antes de que los ajenos hagan recordarme mis vivencias no tergiversadas. Es increíble que para èsto haya nacido. Para estas cosas se vive en esta tierra. Para èsto se nace y se termina siendo uno mismo, poco del resto de lo anhelado que no sirve para completar un digno despertar de realidad. ¿Y a tì, que es lo que te gusta de la vida?. Con ampollas en los dedos, con polvo en el cabello, con dientes de tonos amarillos, con cera en los oídos, con aromas que jamás olimos y quisimos, con disfrutes tan básicos que los perdí, sin pensar en que existieran. Nada sirve en una vida llena de vacíos, y terminar sirviendo de esta manera, no termina por significar un sesgo más en el prontuario de un lápida pequeña, comparada con su lamento de verdad. No hay lujos en perfiles de una marquesina, abonada por la mirada de deseo de la pobreza que vivimos; el dolor del abandono, no mira su traspatio de la inequidad o su desigualdad, aquí yaciendo, efímero capullo no trascendental.

Dic. 2009

LIC. IGOR JOSHUE BEJARANO MELENDEZ

igor-jbm@hotmail.com